28 de marzo de 2014

Mamá tenía razón


El otro día, en una de nuestras visitas a la playa, después de jugar con las olas por un buen rato, te llevé a que jugáramos con la arena porque ya me parecía que te estaba agarrando un poco de frío.
Con balde, pala, tarritos y toda la parafernalia en mano, te hacía castillitos de arena para que vos los derrumbaras y te rieras a carcajadas de tu propia picardía.

Mientas tanto, a una distancia no tan lejana, pero tampoco tan cercana, había un hombre que estaba tomando sol en una lona. Le echaste una mirada, tal vez un tanto precipitada y de repente gritaste, entusiasmado: "Dad!"

Obviamente, el señor siguió tomando sol, ajeno a los llamados del insistente niñito. Vos seguías intentando, probablemente pensando por qué tu papá te estaba ignorando o haciendo oídos sordos. Yo trataba de sujetarte y explicarte que ese señor no era tu papá y que la gente iba a comenzar a preguntarse si yo realmente sabía quién era tu papá.

Finalmente, testarudo como tu madre y obstinado como tu padre, tuvimos que acercarnos hasta el hombre y despertarlo de su siesta en el sol. "Perdón, solo vine a mostrarle a mi hijo que usted no es su padre. Aparentemente no me cree". Vos lo mirabas con una cara: "Ah, pero no es mi papá."