23 de junio de 2013

Cara de póker

Desde muy muy chiquito, incluso antes de nacer, cuando tenía el tamaño de una aceituna, o más chiquito aun, cuando era tan solo un porotito, Lucas era inquieto. Muy inquieto. Tan inquieto que todos los profesionales que intervinieron durante el embarazo no podían realizar los controles regulares porque el señorito no se quedaba quieto un segundo. Ya sabíamos lo que nos esperaba. Un terremotito en potencia.

Hace casi un mes que Lucas comenzó a gatear, bueno, arrastrarse cual Rambo en la trinchera, pero así y todo llega a donde quiere, o puede.

En varias oportunidades, lo encontré observando muy detenidamente la planta del living, y estirando sus manitos llegaba a tocar las hojitas. Yo sabía que esa relación no iba a terminar bien, así que até las hojitas para que estuvieran fuera de su alcance.

Ayer, mientras hacía cosas en la casa, seguía prestando atención a los ruidos que venían del living hasta que de repente se hizo el silencio. Cuando fui a ver qué estaba haciendo mi niñito, me acerqué a la escena del crimen y el único sospechoso en el lugar del hecho tenía una cara como de "yo solo pasaba por aquí".


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