Siempre me preguntaba cuando veía las fotos de cuando éramos chiquitos por qué nuestras mamás no se esforzaban por lograr cierta armonía al vestirnos.
Ahora entiendo lo difícil que es, cuando uno necesitaría la colaboración de al menos otros dos pares de manos para sujetar a esta personita que no entiende qué significa quedarse quieto en ningún idioma.
Así es como uno termina agitando un juguete con una mano para entretener a la criatura durante un microsegundo, mientras con el codo intentás sujetarla en su lugar y con la otra mano pasar la manga de la camiseta por el brazo.
No hay nada como la sensación de logro después de haber pasado una pierna del pantalón y pensar: Ya casi estamos, pasamos la otra y listo, para que con un acto fugaz cual Houdini, el niño logre sacarse la primera y poner a prueba tu nivel de paciencia.
A esta altura ya estás llegando tarde, pero lo lograste, la criatura está vestida. Escuchás un ruido y mirás a la criatura de soslayo, pensando: No me podés hacer esto justo ahora. Seguro que te devuelve una sonrisa como diciendo: Sí que puedo. Entonces, sacás nuevamente la prenda, ponés otra limpia, y como no vas a cambiar la parte que lograste poner con tanto esfuerzo, la armonía quedó en el tacho de basura.
Con casi meses de supervivencia como madre de un pequeño demonio, he decidido comenzar a dejar por escrito mi experiencia. En honor a todas las madres, en especial a la mía que me parió y a la otra que me crió.
10 de mayo de 2013
6 de mayo de 2013
All night long
Cuando me desperté durante la noche, sentí una rara y casi ajena sensación de descanso. Busqué el teléfono en la mesita de luz para ver cuánto faltaría para que te despertaras mientras pensaba por qué estaba siendo tan masoquista. No podía creer lo que estaban viendo mis ojos, ya eran las 4 de la mañana y no te habías despertado ni una solita vez. ¿No ves lo lindo que se siente dormir? Gracias, hijo.
Cosa de mandinga
Cuando el pequeño demonio se despierta contento, lo escucho balbucear y entretenerse solito desde mi pieza. Entonces, me apuro para sacarme el pijama (a veces), lavarme rápido los dientes, prepararme un té y una tostada y dar inicio a la nueva jornada de madre en casa.
Hoy juraba que había puesto un saquito de té en una taza, pero cuando fui a servir el agua caliente, no había nada. Miré por todos lados, y nada. Hasta que cuando fui a poner una rodaja de pan en la tostadora, allí estaba el pobre saquito de té, preguntándose qué hacía en ese lugar.
Hoy juraba que había puesto un saquito de té en una taza, pero cuando fui a servir el agua caliente, no había nada. Miré por todos lados, y nada. Hasta que cuando fui a poner una rodaja de pan en la tostadora, allí estaba el pobre saquito de té, preguntándose qué hacía en ese lugar.
4 de mayo de 2013
Despertate, que tenemos que ir a la cancha
¡Hijo mío!, cuando necesito que te despiertes porque tenemos algún evento al que tenemos que asistir, te dormís una siesta de la ostia de 3 horas. Hoy es el partido de fútbol de tu padre. Importantísimo. ¿O me vas a decir que no te interesa? Vale que no soy yo la de la excusa fácil. Lucas estaba durmiendo. O tenía que darle de comer. Después tu padre no me cree.
En fin, llegaremos para los aplausos o para escuchar el relato de papi de lo acontecido en el partido. Después no digas que no te avisé.
En fin, llegaremos para los aplausos o para escuchar el relato de papi de lo acontecido en el partido. Después no digas que no te avisé.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)